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03/12/2018 | Ricardo Faerman, Cebs
Los ojos legañosos de la industria de seguros de vida en Argentina
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Dejaron pasar una increíble oportunidad de resucitar el negocio y ayudar al país.

No importa la industria, el ojo del ejecutivo entrenado suele estar atento a cualquier publicación que haga referencia a su negocio y es capaz de descodificar de la noticia una oportunidad con la velocidad de la luz.
 
En la industria argentina de seguros los ojos de los ejecutivos parecen estar lagañosos o los golpes del pasado, la recurrente inflación y las devaluaciones les han creado contundentes cataratas que les impiden observar una enorme operación de seguros que pasa frente a sus desprevenidas narices una y otra vez, a través de los medios, los comentaristas y toda la social media.
 
En el afán de contribuir diré que me refiero al crecimiento de los beneficios por invalidez no – contributivos que el Gobierno argentino ha ofrecido a más de un millón de personas desde el año 2004 hasta el año 2016 donde se detiene el crecimiento de esta aberración y queda estabilizada.
 
¿Piensa el lector que “aberración” es una calificación excesiva para la situación? Pues se equivoca, he sido piadoso a la hora de adjetivar, una definición más apropiada seria “Destrucción intencional de cualquier oportunidad de recuperación de la economía argentina” y me quedo corto. 
 
Analicemos juntos algunos números borrador, hechos muy a mano alzada pero conservadores: 
 
Una jubilación por invalidez de $6.000.- ($150 dólares) obtenida en promedio a los 50 años, representa la creación inmediata de una deuda de $ 50000.- dólares aproximadamente, a favor del beneficiario, tomando en cuenta una expectativa de vida promedio mixta de 78 años, todo a tasa cero para no generar confusiones.
 
Como no conozco el número real de jubilaciones no-contributivas creadas, la edad promedio de los beneficiarios y el monto real que perciben, basándome en un dato cierto como lo es la sobrevivencia, el número de $50.000 dólares podría ser inexacto en defecto, pero no en exceso.
 
Hete aquí que un conjunto de irresponsables ha concedido beneficios inmediatos a mas de 1 millones de personas, donde el valor presente de cada uno es de $50.000.- dólares, creando deuda por $50 mil millones de dólares o más, solo en el contexto de invalideces de dudosa comprobación.
 
Para aclaración de los desprevenidos, no estamos hablando de planes sociales, asignación universal por hijo o jubilaciones decentemente ganadas, estos son supuestos incapacitados.
 
No hay un economista formado y decente que no se pregunte ¿Qué ha sucedido en la Argentina que en poco más de una década se han incapacitado más de un millón de personas? ¿Cuándo fue la guerra se cuestionan?
 
Quizás no hayan percibido la invasión de una nueva especie destructora de la familia de los Diaemus youngi (vampiro de alas blancas) que se alimenta de trabajo en lugar de sangre con el propósito de sobrevivir en la política, así como sus alados primos sobreviven en el medio ambiente.
 
¿Cuántos de los $50.000 millones de dólares o mas (potenciales) realmente corresponden legalmente a sus beneficiarios?, esta primera pregunta puede fácilmente contestarla la Industria Aseguradora (ajena totalmente a la caterva de alimañas que otorgara alegremente estos favores financieros vitalicios), utilizando su red instalada de servicios que permitiría controlar a cada “beneficiario” evaluar su real incapacidad y ajustar su situación. ¿Costo para el estado? ¿20% del ahorro parece mucho?
 
Cualquier asegurador especializado en vida, salud e incapacidad afirmara que de esos $50 mil millones de deuda originales “quizás quede la mitad” siendo conservadores.
 
Con un ahorro de 20 a 30 mil millones en el bolsillo, el Estado procede a activar la segunda etapa.
 
El estado transfiere bonos por el valor presente de las jubilaciones ya confirmadas y los aseguradores especializados en rentas vitalicias pagan los beneficios, los ajustan por un porcentaje del resultado de sus inversiones, controlan que no haya trampa y en la medida del fallecimiento de los sujetos, van creando un récord creíble del fin del problema.
 
La industria aseguradora prestaría un servicio invalorable a la sociedad, el estado bajaría en forma notable su pasivo, la administración de este conflicto quedaría en manos de terceros independientes y los “intermediarios de este tipo de favores” tendrían que buscarse una actividad licita para desarrollar.
 
La Argentina es un país capitalista, una alianza entre Estado y Privados podría derrotar a las despreciables musarañas que inventaron este despropósito en su beneficio, y quizás desde allí se podrían crear las barreras para que no vuelva a suceder.
 
Pero la legañosa industria aseguradora, anquilosada y deprimida, otra vez la vio pasar mientras andaban con la gorra pidiendo un aumento de las deducciones impositivas para los seguros de vida que nunca viene.
 

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Alberto
Muy atinado comentario. Algún día espero ver el cambio que este país necesita. Hay que cortar con la costumbre de subsidiar indiscriminadamente. No estamos cultural ni económicamente preparados para sostenerlo en el tiempo. Basta de populismo vacuo
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