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27/04/2020 | Ricardo Faerman, Cebs
pestana
comunista
Los riesgos de viajar con el Covid-19 siempre presente
Los riesgos de viajar.  Una frase que cobija mucho mas que los riesgos tradicionales, ya que dependiendo de donde usted viva, quizás para viajar deba escapar de la policía, y eso es nuevo en muchas partes
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Los riesgos de viajar.  Una frase que cobija mucho mas que los riesgos tradicionales, ya que dependiendo de donde usted viva, quizás para viajar deba escapar de la policía, y eso es nuevo en muchas partes (Si usted vive en Cuba o Corea del Norte, por ejemplo, esta proposición no aplica).
 
Es probable que allí donde a usted lo haya agarrado la larga noche del C-19, una persona o un conjunto de ellas hayan tomado por usted algunas decisiones, incluyendo la de limitar su capacidad de transitar.
 
Nadie estaba preparado para la Pandemia, aparentemente la propia OMS esta conducida por un sujeto que no tiene la menor idea y cuyo merito más relevante es el de caerle simpático a los chinos por decirlo suavecito.
 
Aceptar la existencia de la pandemia constituyo un proceso relativamente corto, fue in crescendo desde “esta muriendo gente de alguna cosa en una provincia china” hasta un vibrante “los europeos mueren como moscas” lo que motivo a los lideres occidentales a tomar algunas medidas.
 
En occidente hay cierta tendencia a creerle más rápido a los europeos que a los chinos y eso explica quizás porque hasta ahora sobrevivió occidente.
 
Tenga usted en cuenta que en la mayoría de los países los “infectologos” son personas que se dedican a recomendar que vacunas debe usted aplicarse cuando viaja a una región donde hay enfermedades endémicas.  También investigan, seguramente.
 
Dicho lo cual, el presidente o Primer Ministro o Dictador que se auto - adjudica la misión de mantenerlo a usted a salvo se reunió con su medico “sanitarista” amigo, para en conjunto buscar alguien idóneo en materia de infectología y todo esto lo más rápido posible, con el virus golpeando a las puertas.
 
El dialogo – imagino – fue el siguiente, presidente, “¿Conoces un buen infectologo?; Tito - Señor presidente ¿Quién conoce infectologos, porque yo habría de conocer un infectologo?; presidente – Sos un sanitarista; Tito – Usted se toma los títulos muy a pecho, igual mi secretaria tiene un primo que es director de un centro de infectología; presidente – OK, Llámalo y nómbralo director del programa nacional de conducción de la emergencia.
 
Y hete aquí que el sujeto “infectologo” se suma al “sanitarista” y al “presidente” y entre los tres se ponen a tomar decisiones con el propósito de mantener su capital político y si se puede salvar algunas vidas.
 
Los “sanitaristas” son gente de planes, seminarios, conferencias, reclusiones, usted me sigue.  Trabajan para evitar que cierta epidemia afecte a un grupo indígena o para morigerar las consecuencias de un virus con linaje conocido como el HIV.
 
No tienen en general mucha practica con virus desconocidos o plebeyos, y les lleva algún tiempo aclarar la mente respecto un virus medio prosaico y al que no conoce nadie.
 
Para eso necesitan de los científicos – otra especie– investigadores que tienen que aclararles en que lio están metidos, ya que al bueno del HIV lo conocen hasta en calzoncillos, pero a este coronavirus ni de mentas, y mientras los científicos tratan de dilucidar algo, proponen temas mecánicos como lavarse mucho las manos, usar alcohol en gel cuando no se tengan canillas cerca, barbijo sí o no dependiendo del sanitarista y alejarse lo más posible del alcance de la escupida inconsciente de la gente.
 
Obviamente para dar estos consejos no hacen falta los científicos, hasta un enfermero recién recibido sabe que hay que mantenerse lejos de las expectoraciones y decirle a la gente que preferiblemente se escupa en el codo.
 
La verdad revelada seria la vacuna con una estación intermedia en el tratamiento, y de eso ni noticia, salvo la propuesta del presidente de la primera nación del mundo de inyectarse clorox, cosa aceptable para los Junkie termínales pero que genera poca simpatía en personas con conductas menos extremistas.
 
En este contexto, ampliamente desarrollado, debe tomar usted la decisión de iniciar su periplo, atendiendo a una urgencia de la cual no sabe cómo resistirse, usted necesita viajar.
 
Presumo que si desea escapar “de la situación” desea hacerlo lo mas lejos posible y para eso le será necesario volar.
 
Bien, para “volar” usted debe eludir la presencia policial y dirigirse hacia la frontera mas cercana de un país que no tenga las fronteras cerradas y que mantenga sus aerolíneas volando, poca cosa.
 
Las complicaciones son entonces, eludir la policía (esto no es grave, infringir la cuarentena cuando los asesinos están siendo enviados a sus casas, no parece un delito que vaya a llamar la atención de un fiscal), llegar luego a la frontera seleccionada para “cruzar” del otro lado o realizar un “tramite en migraciones” y pasar del otro lado, usted me entiende y sabrá superar la contingencia.
 
¡Vamos todavía! Por las buenas o las izquierdas se encuentra ya usted del otro lado de la frontera y dirigiéndose al aeropuerto mas cercano para volar a la ciudad capital de ese país hermano que le permitirá seleccionar el próximo vuelo hacia su destino final.
 
Vea, la selección del destino final es un tema delicado, no sea cosa que lo de final se torne dramático, cuando hasta aquí llevábamos un ligero paso de comedia.
 
El destino final tiene que ser un lugar con muy pocos casos contabilizados (por ejemplo, Moldavia en Europa y Montana en los Estados Unidos) y con total libertad de acción en la vida cotidiana (Montana y North Dakota no parecen haber creado ninguna restricción).
 
Para eso tendrá que tomar al menos 3 vuelos, desde el aeropuerto de frontera a la ciudad capital, de la ciudad capital al aeropuerto de entrada del país de destino y de allí al destino final.  Vaya usted vestido en forma apropiada (y sobre todo hermética) más una notable provisión de barbijos, toallas para limpiar todo lo que toque o todo en lo que se siente, alimentos cerrados al vacío y antes de abordar compre agua embotellada, como hoy en día viaja poca gente, siempre sientese lo mas lejos posible de cualquier congénere y recuerde que en los aviones la circulación del aire es vertical, así que sientese lo más adelante que pueda.
 
Solo queda la selección del hotel, un hotel pequeño es más fácil de limpiar y un hotel boutique y nuevo seguramente será una opción casi saludable; Aun así, en el aeropuerto compre la versión local del desinfectante en aerosol más potente que se conozca y mientras musita una especie de ritual religioso páselo por todos los lados del UBER que lo va a transportar donde usted vaya a apoyarse.
 
Al llegar al hotel – siempre embarbijado y con guantes – haga el registro y entre a su cuarto con paso firma y antes de decir “agua va” repita el ritual sagrado de la desinfección sin olvidar ni un solo recodo.
 
Y aquí estamos, en Kishinev, Montana o North Dakota, listos para iniciar nuestra expedición, habiendo eludido el cerco y con la única misión de esperar unos 14 días para saber si nuestra decisión ha sido acertada, que disfrute de sus muy merecidas vacaciones.

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