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Orden Criminal no hace víctima de delincuentes muertos
En temas de violencia los hechos no empiezan desde la nada.

La estrella de la futura víctima no marca que será objeto de un delito, es la decisión del criminal la que acciona el inicio de todas las cosas.
 
Desde la decisión de delinquir y en adelante, ya nadie puede controlar nada, será lo que tenga que ser.
 
Y este escenario se debe observar como un film corto e independiente de la película del pasado de la víctima y el delincuente.
 
El “Iter Crimins” está en manos del malhechor y este queda sujeto a las alternativas extremas que podrían devenir del acto de usar la violencia.
 
La condición de damnificado no tiene pasado. Todo se inicia a decisión del victimario quien pone en marcha un sistema complejo y caótico, cuyo final puede quedar por fuera del orden criminal.
 
La hipótesis del orden criminal supone que la víctima es sometida, privada de sus bienes, de su integridad física y hasta de su vida y la consecuencia sistemática es que el verdugo es luego capturado y sometido a la justicia o no, así de simple.
 
La demostración contradice la hipótesis ya que la mayoría de los crímenes quedan impunes, de donde podríamos decir que el orden criminal tiene como consecuencia sistemática que el malhechor casi siempre escapa a su castigo y la victima en todos los casos sufre las consecuencias.
 
Salvo que el caos originado y puesto en marcha por el delincuente no termine con la escena de la víctima resignada, herida o muerta.  En ese caso, esta se defiende o ataca y hiere o mata al malhechor, todo dentro del mismo orden, donde el damnificado sigue víctima y el forajido, forajido.
 
En resumen, el “Iter crimines” puede terminar con la muerte del reo, es el quien decidió en ese caso su destino, el damnificado sufre ahora la herida moral adicional de haberse visto en la situación de atacar, forzado por el criminal que decidiera sobre su futuro usando la violencia, y aquí no tiene nada que ver si lo hizo en ocasión de su defensa o en su persecución, el caos originado por el acto criminal no hay modo que tenga tiempos o formas, es lo que es, y acaba como acaba.
 
El criminal sigue siendo criminal, solo que ha sufrido un escarmiento inesperado originado en sus acciones, del que seguramente hubiera escapado si el damnificado hubiera aceptado ser robado, herido o muerto en forma pasiva. 
 
El incidente se inicia cuando el delincuente ataca y termina como el orden caótico que el criminal acciona quiera que termine y en ese mismo momento, y es de un cinismo abyecto pensar que podría ser de otra manera.
 
Si el criminal ataca, la víctima se defiende y luego persigue al delincuente y lo mata, la conmoción desatada por el crimen termina con la muerte del criminal y es parte del desarrollo normal de un hecho caótico, cuya incepción es ajena a quien involuntariamente ha formado parte de un episodio limitado en el tiempo cuyo final no es el usual, pero si probable.
 
Solo un estúpido o un mal-intencionado podría suponer que en el momento en que el facineroso escapa, la escena ha terminado y el damnificado debe volver a la calma, componerse y aceptar su destino.
 
En los pocos casos que los delincuentes son capturados y sometidos a la justicia y esta actúa apropiadamente, se podrá entonces considerar el pasado del reo, las consecuencias que lo llevaron a delinquir y la responsabilidad que le cabe a la sociedad respecto de sus acciones.
 
La responsabilidad de la sociedad no es -obviamente-  oponible a sus víctimas, que en el contexto del caos desatado por el delincuente tienen derecho a actuar reactivamente sin restricción alguna, ya que no existían como victimas antes del hecho y no pueden ser víctimas después de un hecho que no pusieron en marcha y al que debieron o decidieron ponerle punto final en forma violenta.
 
Desgraciadamente la sociedad, con un cinismo infinito y perverso, castiga a quienes se preparan para su defensa y aun mas, cuando la ejercen. Sin aceptar que para ejercer la defensa es necesario ser objeto de un ataque y que el atacante es siempre quien ocasiona su propia muerte, mas allá de quien sea su ocasional ejecutor.
 
¿Y porque el conjunto social actúa con tanta perversidad? Para no aceptar que no ha sido capaz de organizar un sistema de seguridad y justicia que proteja a sus ciudadanos, cuidándolos de la ferocidad de ciertos sujetos. Para eso pone todo en la misma bolsa, el pasado de los forajidos y el presente de las víctimas, y así se siente aliviada del peso de su bochornoso fracaso.
 
 

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sobresobre
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