De pillajes, hipotecas y ‘beneficios’ para el consumidor

Es ya una tradición tan consolidada como la festividad de los Reyes Magos o los Sanfermines que los corredores y agentes de seguros de este país nos quejemos de la bancaseguros, pero no como un…

Por Carlos Lluch

Es ya una tradición tan consolidada como la festividad de los Reyes Magos o los Sanfermines que los corredores y agentes de seguros de este país nos quejemos de la bancaseguros, pero no como un gran canal distribuidor con un potencial enorme de venta de productos de calidad que nos deja fuera de juego. No, el motivo es otro y, por decirlo de forma suave, se refiere a esa costumbre arraigada de hacer ofertas que el cliente no podrá rechazar, al más puro estilo siciliano. Con esa actitud manchan, ofenden, al seguro y todo lo que este significa en su potencial social.

De esta forma, la banca vende seguros que nadie compraría: ¿acaso alguien con dos dedos de frente compraría algo que, de media, es entre un 40% y un 70% más caro que en el mercado libre? ¿Y lo contrataría a 25 o 35 años, como su hipoteca, debiendo financiarlo ya que no puede pagarlo? ¿O compraría el de hogar de 3 a 5 años por adelantado, sin siquiera saber si funciona?

Quienes sabemos de eso tenemos claro que no hay diferencial del tipo de interés que compense el sobreprecio pagado por estos seguros (suma de una prima inflada para generar enormes comisiones y unos intereses que el cliente podría ahorrarse), pero, además, está el hecho de que un seguro de mala calidad dejará tirado en todo o en parte al cliente cuando llegue el momento menos conveniente para este. Y, tras más de 13.000 asistencias a consumidores, víctimas de prácticas abusivas, puedo decir que tengo muchas pruebas de ello. Lo peor: son abusos organizados, reiterados, estructurados.

¿Qué impulsa a un banco a jorobar la vida de sus clientes imponiéndoles seguros que no son adecuados a sus necesidades y, además, carísimos? ¿Es otra vuelta de tuerca a la búsqueda de sensaciones de poder que necesitan satisfacer ciertos perfiles psicológicos y que acaban trasladando a sus organizaciones? Swaps, IRPH, suelo, gastos, preferentes… ¿Estamos ante el siguiente escándalo de la banca? Mucho me temo que desde hace décadas.

La Fundación Finsalud acaba de iniciar un estudio sobre los efectos psicológicos que la presión bancaria ejerce sobre sus empleados. Hay información de presiones y agresiones de todo tipo que desembocan en depresión y algún suicidio. Ya demostró esta misma fundación cuan lesiva es la experiencia para los clientes.

A alguien, en la Administración, debería llamarle la atención que en el Informe del Sector 2020 de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (Anexo IX) conste que el 96,5% de los seguros de vida a prima única los venda la banca ¿por qué, si son buenos para el cliente, corredores y agentes se niegan a comercializar tamaña porquería? La más mínima ética de negocio se interpone en la colocación de algo que sabemos tóxico y con alternativas razonables, pero para la banca supone generar un cliente cautivo por décadas y, lo más interesante: un pelotazo de aúpa en materia de comisiones que le entran en vena. Pero ¿acaso las necesita?

Y ahí es donde, creo, el accionista debería recapacitar en serio en la calidad de los consejeros que está respaldando con su voto o, tal vez, incluso exigir responsabilidades de las previstas en la Ley de Sociedades de Capital. Ya ocurrió en 2016 y acabamos de enterarnos de que la mayoría de los bancos españoles estarían en números rojos de no ser por las comisiones de seguros que generan. Tal vez explique por qué van esclavizando con sus imposiciones a sus clientes por décadas (simulando las formalidades precontractuales oportunas) y haciendo que sus empleados se comporten como sicarios, con el desgaste personal que conlleva.

Dice el refrán que las aguas calmas no hacen marinero. Desde luego, andan revueltas, pero lejos de demostrar que son capaces de gobernar bien el barco, me temo que sus directivos han amarrado estos, pues no saben navegar dedicándose al pillaje de todo lo que se menea en la costa.

Recuerdo esa Ley de Disciplina de Entidades de Crédito, hoy extinta, que les prohibía dedicarse a otra cosa que su objeto social exclusivo. Me pregunto qué tipo de liderazgo tendría hoy la banca si solo pudiera vivir de eso, que tanta falta hace, de hacer banca comercial. Un país necesita bancos para sostenerse y para crecer. Si ellos hacen dejadez de sus funciones, deberán ser reemplazados por quien sí tenga interés y capacidad para ello. Me temo que, además de malvados, van camino de demostrar que son, también, estúpidos.